miércoles, 5 de octubre de 2016

Y BIEN....

Hoy se cierra un capitulo de mi vida de forma abrupta y dolorosa para comenzar un nuevo periodo de mi existencia.
Las mieles y las hieles que coseché de esta experiencia estuvieron en igualdad de proporción. No me quejo.... hubo lágrimas y alegrías de forma abundante. Agradezco con el alma las alegrías. Los bueno momentos. Las risas. Las anécdotas vividas. El amor derretido en el pecho como melcocha de algodón de azúcar... crecido y expandido. Atractivo a los ojos propios y a los ajenos. Agradezco las palabras azucaradas, las miradas lánguidas, y los abrazos que tanta falta me hicieron toda la vida. Sobre todo agradezco la forma en que me condujeron a aprender a darme sin medida.
 Las lágrimas las estoy dejando ir de poco a poco. Mis lagrimales son pequeños para todo lo que se acumuló dentro. Pero sé que si no se tapa una coladera, toda el agua acumulada en el patio por una terrible tormenta terminará en la calle, luego en los mantos de la tierra. Así pasará con mi pena.
Ahora mismo, con un dolor intenso que por segundos temo que no podré resistir y romperá mi corazón pienso que, de salir bien librada de ésta, la agonía que ahora padezco será para expandir los límites de mi propia fragilidad.
He aprendido a darme y compartirme de una forma abundante y sin medida. Y esa forma de compartirme deberá servir de algo en el futuro. No me basta con que me agradezcan mi forma de amar. Quiero a alguien conmigo que sea capaz de aprender, como yo, a compartirse abundantemente de forma honesta y sin las restricciones que da el engaño y la traición.
No me quejo. Hay personas que dada su naturaleza solo podrán ser agradecidas con un sentimiento honesto de amor. No pueden hacer más. No saben como hacer. Tienen una especie de incapacidad.
Y como en la fábula del monje y el alacrán, ahora que logré sacar al alacrán de la fuente, he aprendido que nadie tiene la culpa de nada. Y que nuestras naturalezas seguirán intactas hasta el fin de la existencia. Yo seguiré ayudando y amando,  me recuperaré del veneno y del dolor, aunque no se con que rapidez, y es muy posible que la otra persona siga haciendo daño y regando su ponzoña a donde quiera que vaya. Dios nos hizo así.... que caray!!¿Quien tiene la culpa? Alguna razón tendrá para tales diferencias!!!
Aun me siento en medio de la oscuridad de la noche. Tengo miedo. Mucho miedo. Pero sé que allá en un tiempo más el amanecer está por llegar..... Que quieren???... soy irremediablemente optimista!!


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