Caray!!!... estoy hecha pedazos!! No se donde buscar ya las astillas de mi propio corazón. El dolor que ocasiona perderlo es comparable con los tormentos del infierno.... pero no volvería alli. Tanta lagrima y tanta incertidumbre. Tanta soledad. Tantos miedos. Tanta traición. Tanto enojo. Tanta mentira.Tanta espera... Tanta!!!
Todos estos años amando y conformandome con migajitas. A veces trocitos de amor. Tanta ha sido mi necesidad que recorrí el infierno varias veces por estar allí. Por que valiera la pena. Por un abrazo. Por un beso.
Mis ojos se han vuelto rios. Y fluyen en todas direcciones. Pero lo que mas me moja es el torrente... la catarata que tengo en el lugar donde antes tuve un corazón. Alli llueve. Alli tormentea. Alli tengo un tsunami. Alli el diluvio del dolor no cede. Alli todo esta inundado... y es de alli de donde salen mis lagrimas a raudales.
Caray!! Dicen que el agua todo lo deja limpio. Todo lo purifica. Yo espero que si. Que cada gota vaya lavando algo. No se muy bien qué... pero algo. Y que sea bueno no solo para mi.
Aún asi, no me arrepiento... amé y fui amada...A su manera, pero me amó. Entonces, bien vale, todo este dolor, haber aprendido a amar en su distante regazo.
Ahora... despues del diluvio veremos que queda de mi.
lunes, 14 de enero de 2019
Diluvio
viernes, 4 de enero de 2019
A ti..
Por Clara L. Ferrer
Te amé, y al decirlo ahora
doblando la frente mustia
muere la voz en mis labios
tiembla en mi mano la pluma:
dos lágrimas mis mejillas
en ondas de fuego surcan
al recordar esas horas
que no han de volver ya ¡nunca!
Mi amor fue un sueño de dicha
tan inocente y tan pura,
que aún hoy su aroma me embriaga
y su fulgor me deslumbra.
Sin él, el mundo me ofrece
la soledad de la tumba;
y si hoy con él me brindaras,
llorando dijera ¡nunca!
Como enemigos aceros
nuestras palabras se buscan,
y altivas y desdeñosas
nuestras miradas se cruzan,
con tu suprema arrogancia
me has provocado a la lucha,
en que podrás verme muerta,
rendida a tus plantas, ¡nunca!
Si suplicante y vencida
caigo ante ti en esta lucha,
¡que tu desprecio me agobie!,
¡que tu altivez me confunda!
¡Sello de eterna ignominia
mi frente a tus ojos cubra!
Piedad de mí no la tengas;
de mí no la aguardes ¡nunca!
Por ti he librado mil veces
el cáliz de la amargura…
Óyeme bien: si algún día
con voz de amor y de angustia,
clamases perdón llorando
de hinojos ante mi tumba,
se irguiera ante ti mi sombra
y airada dijera: ¡nunca!