Y aqui estoy sentada. Pensando. Esperando. Sintiendo. Viendo pasar las horas mientras me acompaño de mi misma. Analizando cuan fragil y efimero es el paso de un persona por la vida. Calculando la cuantiosa cantidad de cosas valiosas que uno deja tras de si...(y toda la porqueria que tambien va uno tirando en su paso por la tierra).
Si. Lo mas seguro es la muerte. Y esta vez doña blanca se acerca a acariciar a alguien de mi familia. Sin compasion y sin argumento que valga para alejarla.
Ella llega como una reina. Se posa en su sitio y se adueña de la situacion. El otro lucha por alejarla, la familia suplica, los medicos dan razones..... pero nada! Ella es implacablemente segura y despiadadamente serena.
Pero, detras de su temeroso y doloroso manto, siempre nos deja aprendizaje.
Entonces... ¿que soy yo si no su esclava? Una esclava que ha servido al amo de la mision divina, con consciencia o sin ella. Con valor o con cobardia. Con desprecio o con pasion. Con diligencia o pereza.... en fin!!.....
De esa esclavitud, lo bueno es que entre toda la experiencia acumulada por el paso servil de nuestros andares, hay dos cosas que nos liberan de ella y nos hace dueños y reyes de nuestra propia historia: la primera es la obra que dejamos tras de nosotros y que el tiempo hace crecer... la segunda es el amor que sembramos en los demas.
viernes, 5 de junio de 2015
Doña Blanca
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