Rayo de sol en invierno... riachuelo fresco en verano...
El de calladas angustias y de palabras precisas...
Espadachín de la prosa con mirada de serpiente...
Dueño de mis desencuentros y de mis cuitas ocultas...
Monolito de basalto en donde se estrella el viento...
en donde la lluvia escurre sin tregua y sin miramientos...
Hechicero del amor, y vagabundo del alma...
Puerto sereno y seguro... Dios del tornado y la calma...
Capaz de vencer a Hermes y a Cronos con solo el verbo...
por ser el amado eterno de la incansable Minerva...
Atizante como el fuego, y fresco como la hierba...
¡¡Me has convertido en tu reina, y me entrego cual tu sierva!!...
Octubre de 2012

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