Cuando niña, mi madre me llevaba a la sierra madre a pasar los dias entre los espesos bosques de pinos, abetos, cedros, robles y oyameles. Entre tal vegetación, los claros o "cañadas" en el bosque eran verdaderas bendiciones. Solía suceder, que en el verano, y después de sendas tormentas de media tarde, cuando el sol se ponía, se formaban hermosos arcoiris que parecían salir de una distancia próxima... casi podíamos tocarlos.
Después de correr mucho tras ellos, y muy frustrada por que el arcoiris parecia "caminar" entre las lomas de los claros del bosque hasta perderse entre sus desfiladeros, regresaba enfurruñada a la casa y cuestionaba a mi abuelo al respecto.
Mi abuelo, que siempre nos escuchaba atento y que todo el tiempo tenia una respuesta para nosotros, con su voz de muchos decibeles me decía que eran ilusión óptica... que nuuuunca los alcanzaría. ¡¡Mas me valía saber que era eso de "ilusión óptica"!!, por que al no comprender me acarreaba más frustración ante la aparición del próximo.... hasta que lo entendí!!
Cuando eso sucedió, me prometí nunca mas correr tras uno. Por muuuuy hermosos y cercanos que parecieran.
En muchas situaciones de la vida he aplicado esto mismo. A veces suelo sentirme sorprendida por que "el arcoiris" parece estar alli y yo quiciera tocarlo. En algunas ocasiones, distraida, pierdo la "visión" y perspectiva y creo que es algo real, cuando no lo es. Y para ver la realidad, suelo pasar por el enfurruñamiento y el conocimiento. A ese trance ya lo bauticé...y siempre me requiere tiempo conmigo...solo conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario