Caminaba sola... sin perder de vista el rio.. sin perder de vista el horizonte. Muy consciente de que dentro del denso bosque esta el árbol... y de que el rio nunca es el mismo aunque lo parezca. Cuando de repente apareció ante mi. Tenia la forma de un Mago anciano. Llevaba encima esa envestidura de poder que los ancianos magos de las tribus antiguas portan. Su rostro humano tenia los ojos de una serpiente... atrallente pero letal. Se fijó en los mios y me dijo: ¿A donde vas joven creatura?... -Solo sigo el sendero del rio, le contesté.
-Y dime:¿ a donde te llevará el rio?
- No lo sé... voy a donde el rio me lleve. Deje de seguir senderos, ya no quiero abrir caminos... solo quiero seguir al rio.
- ¿ Puedo acompañarte mientras caminas? me dijo. -Te contaria todo lo que el rio ve en su paso.
Y mientras caminabamos juntos descubri que cuando movia sus manos aparecían rosas...eran rosas de castilla, tan bellas y perfumadas que se dispersaban por todas partes. Quice tomar una de ellas, pero olvidé que tenían espinas y me pinche los dedos. Asi que decidí solo contemplarlas pero no tocarlas.
En un accidental rose me tocó...igual que si lo hubiera hecho el ala de una mariposa, o el capullo de una rosa. Olia a Abeto en verano, a Nispero florido, a corteza de Oyamel. Su olor era en verdad natural y fresco. Relajante, tranquilizador... y tan penetrante que se quedó en mi memoria por siempre.
Sobre su cabeza brillaba la luna en todo su esplendor...siempre daban ganas de tocarla... De acariciar ese resplandor brillante y suave. Y cuando observe sus ojos de serpiente, me maravilló la mansura de su interior ante la ferocidad de su linaje.
Y luego descubri que cada palabra que el Mago emitía se convertía en paloma que volaba libre... en oso polar manso.... en gaviota de mar. Su palabra tenía el poder de cobrar vida propia. Y yo observaba maravillada todo lo que su verbo era capaz de producir.
Al estar hablando el tiempo se perdía... desapareció el rio pues en mi mente se recrearon las maravillas de las que me hablaba...Desaparecio el bosque y por unos instantes solo pude ver lo que su verbo vivo era capaz de producir... Pero cuando guardó silencio el rio y el bosque volvieron.
Entonces lo comprendí... era un Ilusionista... De esos que engañan con sus mil trucos expertos, tan perfectos por la práctica con la que lo realizan...Y sentí miedo. ¿ Por que un Ilusionista caminaba a la orilla del rio conmigo? ¿Cuales eran sus afanes al mostrarme su mundo de fantasia?
Cuando lo cuestioné me dijo que se sentia solo... que a pesar de las maravillas que era capaz de producir siempre se sentia solo...Y que queria ir acompañado en el camino.
Le dije que acababa de aprender a ver el árbol en el bosque y que apenas era consciente de que el rio nunca era el mismo. Que sus trucos ilusionistas podrian hacer que dejara de ver lo que realmente son las maravillas del camino... Asi que me despedi del Mago, quien en un instante desapareció.
Segui mi marcha pausada y cuando llega la noche, con frecuencia pienso en él... Pero... No lo sé... a veces tengo la extraña certeza de que me acompaña a donde voy... creandome la ilusión de caminar sola por el bosque a orillas del rio...
Orale Mire!!! Interesante y bonito relato.
ResponderEliminar